domingo, 28 de enero de 2007

ASI PERDI MI BARCO



!Como me gusta releer mis viejas revistas de nautica!, por inmensa que sea la cantidad de información que tenemos en esta cosa de internet. Lo de mis revistas me cuesta más de una bronca en casa y es que soy incapaz de tirar una revista que tenga un articulo que me halla resultado interesante, algunas veces guardo solo los recortes, tambien guardo propagandas,manuales, guias etc etc...Mi mujer que es, como yo le digo, el cincuenta por ciento de mi tripulacion. Me diagnostica con esto del guardar cosas ,los primeros síntomas del síndrome de Diógenes.

Estaba el otro día ojeando un YATE, el de marzo de 1997,el Nº 366, como siempre con unos artículos muy interesantes. Se estaba en aquellas fechas disputando la Vendée Globe con los naufragios de Thierry Dubois y de Tony Bullimore. Con motivo de la Expo de Lisboa 98 se estaba llevando a cabo el rally vuelta al mundo con un par de participantes españoles. En ese mismo número publicaban además un interesante dossier sobre catamaranes de crucero y un estudio comparativo de cargadores de baterias.

En una pequeña sección de una página que ellos llamaban "Cartas de los lectores", Me encontré con el artículo que os copio a continuación y que seguramente sería el culpable de que guardara la revista durante estos casi diez años. Os advierto que vais a leer algo muy triste, como os decía lo copio tal cual apareció publicado.


CARTAS DE LOS LECTORES.


Así perdí mi barco.

El sábado 28 de diciembre nos dispusimos a trasladar mi velero Erg, un Puma 29, desde Port de la Selva, al norte de la Costa Brava, hasta Aiguadolç, en Sitges, Barcelona. La tripulación estaba compuesta por mi hermano, patrón con más de diez años de experiencia, mi compañera, mi perro Bob y yo, patrón novato.

El parte del fin de semana era de vientos de fuerza 2-4, rolando a Levante, mar de fondo y con previsión de que entrara Norte de nuevo por la tarde.

A poco de doblar el cabo de Creus, y en una trasluchada aparentemente limpia, rompimos la mayor, por lo que decidimos navegar sólo con el génova y dirigirnos al puerto de l’Estartit.

Mediada la bahía de Roses, el viento endureció y decidimos cambiar al foque. Ahora la navegación requería cierta tensión, alguna ola nos rompía y recibíamos algún que otro roción. Ya cerca de las Medas, cayendo el sol y con un intenso frío, decidimos poner el motor en marcha para entrar en puerto. Poco imaginábamos en ese momento que se sucederían una serie de incidentes que a la postre conducirían a la pérdida de mi velero.

Pusimos el motor en marcha, pero no sonaba de manera normal. Descubrimos que la hélice no propulsaba y que no avanzábamos.

Decidimos avisar al club náutico de nuestra situación y entrar a vela, pero no recibíamos respuesta alguna. En la primera bordada, notamos que la caña del timón cedía, por lo que resultaba imposible maniobrar con normalidad. Mientras tanto, no dejábamos de intentar contactar por radio con el C.N.

La situación empezaba a ser preocupante y, sin entender por qué nadie comunicaba con nosotros, decidimos izar la mayor ya que, aunque destrozada, pensamos que ayudaría mejor a la maniobra que el foque. Logramos virar, pero sería la última vez.

Nadie respondía a nuestras llamadas de socorro por el canal 16, y ahora nuestras señales eran también acústicas. Todo esto ocurría, por increíble que parezca, a 200 m de la bocana.

Mientras mi hermano intentaba reparar la avería del motor, en cubierta intentamos amarrarnos a una boya a 50 m sin éxito. De pronto, salió un velero de la bocana, nos vio, dio media vuelta y volvió a entrar. Pensamos que seguidamente vendría a por nosotros, sólo o con ayuda. Ni una cosa ni la otra. Y eso que la maniobra de rescate sólo consistía en echarnos un cabo ya que la separación de la costa y sonda no hacía correr ningún riesgo a una embarcación con gobierno.
Empezamos a sentir cierta impotencia y fondeamos el ancla, que garreaba ligeramente, pero creíamos que ganaríamos tiempo para esperar un rescate mientras insistíamos por radio y con señales acústicas dirigidas, ahora ya, a los apartamentos de la costa. Desde un balcón respondieron a nuestras señales y casi al mismo tiempo un coche nos hizo ráfagas. ¡Nos habían visto! Por fin alguien haría algo por nosotros ... Pero de la bocana del puerto no salía nadie.

Los minutos volaban y las olas nos empujaban ya con fuerza contra la playa. Lanzamos el último e inútil Mayday, tras insistir durante una hora y media y, aún negándonos a creerlo, nos preparamos para abandonar el barco. Al segundo impacto de la quilla contra el fondo, a unos 70 m de la costa, saltamos al agua y nadamos hacia la playa.

En los apartamentos nos esperaban una pareja y la Guardia Civil. Nos contaron que habían llamado al C.N. cuando nos hicieron las señales que vimos, mientras que la Guardia Civil también había avisado al C.N. y a la Salvamar de Palamós.
Desde que descubrimos la avería en el motor hasta este momento habían transcurrido dos horas.

Ya en el ambulatotio al que nos llevaron empecé a hacer llamadas. Salvamar no acudió ya que fueron avisados por la Guardia Civil de que nuestras vidas no corrian peligro. En el C.N. me informaron de que fueron avisados por el velero que vimos al escuchamos por el VHF –prueba de que no existía avería en nuestro emisor- y de que su remolcador estaba averiado.

A primera hora de la mañana me acerqué al C.N., averiguando que el remolcador no estaba averiado, sino que simplemente no existía, y allí mismo me comentaron que estuvieron a la escucha del Canal 9, pero que oyeron señales muy débiles (éramos nosotros por el 16), que a mi entender podían haber sido identificadas con un escaneado. También supe que el velero que nos vio y escuchó no acudió en nuestra ayuda porque era una embarcación de chárter....

De vuelta a la playa, evaluamos minuciosamente los daños, desestimando la reparación del Erg, y así, mi barco fue pasto durante dos días del inevitable saqueo y el agobio de curiosos y "guiris" cámara en ristre.

El objeto de estas líneas, aparte de un pequeño homenaje a mi velero, es invitarles a una pequeña reflexión para que sucesos así no se repitan jamás.No vale pensar sólo que la pérdida del Erg fue debida a la mala suerte o a la mala puesta a punto del motor, asumiendo por supuesto nuestros propios errores que el lector puede analizar.

Sería útil considerar que un teléfono móvil puede ser de gran ayuda en navegación costera como complemento del VHF, eso sí, con una batería de recambio (la nuestra estaba fundida).

Si mi experiencia sirve para que se pueda evitar en un futuro otro incidente similar, estas líneas habrán valido la pena.

Lo firma: Xavi Herrero Fontanet




¿ Que os ha parecido ? Ya os advertí que la cosa era bien triste. A mí personalmente lo primero que se me ocurre, es que debe sentirse afortunado de haber perdido sólo el barco. Lo que empezaron como una placentera travesía se les podía haber convertido en tragedia. Lo del barco aunque doloroso no deja de ser algo reemplazable y la experiencia aunque durísima seguro que les habrá servido para no volver a repetirla. Aparte de esto, me voy a abstener de hacer más comentarios ya que estoy deseando leer los vuestros. Porque no me digais que el post no se merece más de uno.



Manolo.

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